jueves, 5 de abril de 2018

Crónica de la Cuaresma: 10 años con la Agonía

Llegaba la tarde del domingo 11 de marzo de 2018, el IV Domingo de esta Cuaresma que recién comenzaba para nuestra Agrupación.
Una tarde de mediados de marzo, de estos días en los que al invierno se le escapa la vida en sus últimos días antes de la primavera, como fue aquella otra tarde de marzo, de un 14 de marzo del que parece tan cercano pero a la vez tan lejano año 2009.
Aquella tarde un grupo de jóvenes cofrades, casi niños por entonces, plantaba una semilla que año a año poco a poco sigue creciendo. Fijaron sus ojos en un antiguo Crucificado que permanecía casi olvidado en las dependencias de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de nuestra Ciudad, de Palma del Río, y decidieron devolverlo a las calles que lo vieron procesionar como Cristo expirante casi medio siglo atrás, realizando aquella primera salida, aquel primer Vía Crucis, incluso antes de constituirse como el Grupo Parroquial que hoy es. Decidieron dar un prólogo de Penitencia que se adelantara en la Cuaresma a los días de Pasión y además decidieron que este prólogo no podía sonar a otra cosa que no fuera a Palma del Río. Y así nació un vínculo que en este 2018 alcanzaba su décimo año consecutivo produciéndose: 10 salidas, las mismas que Cristo en la Agonía de la Cruz ha procesionado por las calles palmeñas, siendo la banda sonora que anticipa nuestra Semana Santa. Una historia de vidas casi paralelas, pues juventud y música, música y juventud, son dos elementos que desde muchos sectores de la Semana Santa de nuestra localidad, por parte de muchos de nuestros vecinos, son olvidados, mirados con la condescendencia con la que se podría mirar a alguien que se considere un cofrade "de segunda" o incluso directamente despreciados, grupos a los que si acaso se gira la vista hacia ellos cuando de ellos se busca algo. Es la historia de un Grupo que por ejemplo ha tenido que esperar a su décima salida para poder ver reflejada su procesión en las páginas de un Callejero Oficial o en las de una revista oficial del Consejo, la historia también de un olvido, a saber si intencionado, cuando cualquier pregonero habla de la Cuaresma y no los menciona; lo mismo que la historia de una Agrupación tratada con la mayor de las indiferencias, que tiene que ser profeta fuera de su tierra y a la que no se le mide con la misma vara que a cualquier otra formación que desde fuera venga a poner su música a Palma.

Por eso esta tarde del IV Domingo de Cuaresma es tan especial, porque no solo nos levanta el vello adelantando las sensaciones de una Semana Santa cuyos pasos se empieza a escuchar en la cercanía, porque no solo nos adentra y nos mete en ambiente, porque no solo sale el primer paso a la calle y huele al primer incienso que se quema y suenan las primeras cornetas y tambores. Es una tarde especial porque Grupo y Banda, Banda y Grupo, a través de esta unión que alcanza la década este año, nos hacemos presentes, reivindicamos un lugar como cofrades palmeños y demostramos que, a pesar de los pesares, de lo que se pueda hablar, de alguna que otra zancadilla que se pueda recibir, tratamos de trabajar lo mejor posible para mayor Gloria de Nuestro Señor y su Bendita Madre y para engrandecer con nuestra humilde aportación este mundo.

No pareció entender la climatología lo especial de este día pues la lluvia se quiso hacer presente con su amenazante presencia, una tónica algo habitual en los últimos años y que se repetía en este 2018, en este caso obligando a la Agrupación Parroquial a aplazar su hora prevista de salida. Afortunadamente, prácticamente una hora después de lo previsto las nubes daban una tregua y nuestro nuevo banderín se alzaba resplandeciente al cielo palmeño por primera vez cuando caminábamos en pasacalles hacia la Parroquia de la Asunción enmarcados por el arco de la Puerta del Sol.
Llegaba la primera espera a las puertas de un templo, salía la primera cruz de guía, el primer cortejo, salen los ciriales que preceden al paso del Santísimo Cristo que sortea esta puerta lateral de la majestuosa Parroquia siendo recibidos por los acordes del Himno Nacional. Estrella, Reina del Cielo, marcha novedad en nuestro repertorio este año, acompasa los primeros pasos de los costaleros que portan a Cristo en su Agonía para luego sonar Christus Vincit. Cristo vence a las murallas pasando por el arco de la Puerta del Sol a través del cual, en esta especie de ficticia frontera, entra al corazón del pueblo, a la Plaza Mayor de Andalucía, en donde suena la marcha Cinco Llagas. Cristo se adentra a su pueblo por la calle Feria, Palma se siente cerca de Él y en este punto del recorrido suena la adaptación del canto Cerca de Ti, Señor.
Seguía la procesión su recorrido habitual, revirando ahora a la calle San Sebastián con la marcha Sagrada Cena para inmediatamente buscar la Plaza de Jesús Nazareno, sonando en el saludo a la Hermandad homónima la marcha Nazareno del Cielo cuyos acordes sobrios y solemnes resuenan entre las paredes de este rinconcito como queriendo despertar en los oídos del Señor que cobija el Hospital los recuerdos de una Madrugá, para hacerlo ante las puertas del templo hospitalario la marcha Jesús del Prendimiento.
La clásica Jesús Despojado marca la revirá hacia la calle Cigüela pero en lugar de en dirección hacia la Plaza de la Constitución, debido al retraso y a las posibilidades de lluvia al avanzar la noche, el cortejo toma dirección hacia calle San Juan buscando su regreso. Comienza a concluir este pequeño viaje con ida y regreso a las calles de Palma justo cuando suena Cristo de la Salud y Buen Viaje girando hacia la calle Virgen del Rosario, la cual baja la procesión en busca del recinto amurallado, sonando junto al muro almohade la marcha Virgen de las Angustias justo cuando el cortejo se acerca a la ochavada Capilla de las Angustias.
Consuelo gitano interpreta la banda antes de que el Señor sortee una nueva puerta, en esta ocasión para adentrarse en las murallas por el lugar conocido como Mesa de San Pedro. Los restos de lo que fueran la Alcazaba palmeña a un lado y la grandiosa nave del templo de la Asunción escuchan los compases de la marcha Costaleros del Amor dando aliento a los hombres de abajo en sus últimas chicotás. Nazareno de la Trinidad suena en la Plaza Cristo de la Expiración, la plaza dedicada a la que durante un tiempo también fuera la advocación de este Crucificado. El último tramo en la calle lo hace el paso a los sones de Redención, Pasión y Amargura, entrando el Señor tras un recorrido abreviado con los acordes del Himno Nacional y con su última chicotá ya en el interior del templo sonando El Cielo es tuyo, en memoria de nuestro compañero y también hermano de la Agonía.

La noche ya había caído con su oscuro manto. Comenzaba a soplar algo más el viento y arreciaba el frío con el invierno como queriendo seguir resistiendo su agonía. La Agonía, esa palabra, esa advocación, ese Cristo sufriente en la Cruz que otro año, y ya han sido 10, volvía a pasear por las calles palmeñas. Otro año más, y ya han sido 10, siendo el inigualable prólogo a la Semana Santa cuya cuenta atrás comenzaba ya.

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