miércoles, 26 de abril de 2017

Crónica del Sábado Santo 2017: el Entierro de Cristo por las calles de Cañada Rosal fue el breve preludio a la Resurrección


     Nuestro Sábado Santo fue, como en prácticamente todas las localidades que celebran este día, un día de contradicciones. La luz y la claridad contrastaba claramente con el luto de la jornada. Cristo había muerto el Viernes Santo en la Cruz, en la Vera + Cruz, y su cuerpo, tras ser descendido y entregados a los brazos de la Madre, iba a ser sepultado, la semilla debe morir y ser enterrada para crear más vida, tal y como Jesús enseñó (Jn 12, 24-26). El Sábado Santo es, pues, día de luto pero también de espera, de expectación ante la Resurrección, y esta espera nos llevaría, como es ya una tradición en nuestra Agrupación, al vecino pueblo de Cañada Rosal.

     Esa mencionada y contrastada claridad de la tarde nos acompañaba aun cuando a eso de las 7 nuestra banda afina y forma dispuesta a comenzar su pasacalles de camino a la procesión, el penúltimo pasacalles hacia el penúltimo acompañamiento de la Semana Santa. El canto Cerca de Ti, Señor, tan apropiado para este día, suena en ordinario cuando nos dirigimos hacia la Parroquia de Santa Ana. Otro año más poniendo música al Entierro de Cristo en Cañada Rosal, otra vez, como en las últimas 12 Semanas Santas esperando la Resurrección por sus calles. Se hacen las 7 y media de la tarde y sale la Cruz de Guía junto a nazarenos de negro y blanco, el negro luto sobre la blanca pureza, la oscuridad ante la luz, la muerte que pasará a la vida como la penitencia dará paso a la Gloria. Y entonces comienzan a asomar en la estrechez de la puerta las cabezas de varal del paso que porta a Cristo Yacente, sonando el Himno Nacional seguido de la fúnebre Nazareno del Cielo y posteriormente el canto ¡Oh, pecador! que ante la estampa de Cristo muerto nos recuerda que Él dio su vida por nuestros pecados, por la Redención. 
     Y Redención precisamente suena tras el pertinente Himno en honor a María Santísima de los Dolores que otro año acompaña la procesión. María, en la Soledad de su palio, tras sufrir el Séptimo Dolor, es mecida por sus costaleros a los sones de esta marcha mientras nuestra banda retoma los pasos tras el Hijo, a la espera de la Gloria, y ¡A la Gloria! precisamente entonan nuestros instrumentos terminando la calle Soldado Juan Piña.
     Revira ahora el paso a la Avenida de La Luisiana donde suena Aurora de Resurrección para luego hacerlo con Jesús del Prendimiento hacia la calle Arrecife, calle en la que contemplamos el nuevo paso del Señor estrenado el pasado año y pronto su imagen nos recuerda algo: la urna, coronada con ese manierista templete pronto trae a la mente a una custodia procesional, y efectivamente simbólicamente así lo es puesto que el Santo Sepulcro custodió el cuerpo de Cristo. Perfecto momento para interpretar música a Jesús Sacramentado sonando el Himno Eucarístico Cantemos al Amor de los Amores.
     Pero sin darnos cuenta, esto iba llegando a su fin. Obras en su habitual recorrido provocaban que este tuviera que ser bastante más corto a lo habitual y con la marcha Costaleros del Amor seguida de Cuando me alejé de Ti el paso toma la calle San Joaquín en busca ya de la Plaza de Santa Ana, corazón de este pueblo. Son cerca de las 9 de la noche cuando, de nuevo con ¡Oh, pecador! el paso se adentraba como siempre ha hecho, en el centro de la Plaza principal para, de rodillas, ser llevado de nuevo a su templo.
     Aun nos quedaba Ella, María Santísima de los Dolores que quedaba en su Soledad en la calle, aunque no estaba sola, siendo arropada por los carrosaleños y por nuestra banda que interpreta en su honor Costaleros del Amor y Virgen de la Paz. A las 9 y media, con el sol muriendo por el horizonte, María seguía al Hijo al interior del templo. Quedaba poco para la espera y el sepulcro, hoy lleno, se encontrará vacío con la mañana.
     Nuestra banda terminaba así esta procesión, este año bastante corta, que nos suponía un breve pero esta vez sí auténtico preludio para lo que estaba por venir. Caía la noche del Sábado Santo, los templos iniciaban la Vigilia Pascual y, casualmente, nuestra banda sonaba en la calle antes de despedir el Sábado Santo con La Vida Eterna. Se aproximaba la Resurrección, el ansiado Domingo con el que tanto hemos anhelado estos últimos años cerrar nuestra Semana Santa.

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