jueves, 31 de marzo de 2016

Crónica del Martes Santo 2016: ...y en el Getsemaní de Palma se hizo Cautivo por nuestra Esperanza


     Día atípico este Martes Santo, tercer día de nuestra Semana Santa. En una jornada en la que los últimos años nos la hemos pasado viajando a cientos de kilómetros de casa, hoy nos esperaba un Martes Santo bajo la misma advocación que ha tenido para nosotros este día desde hace años, nos esperaba otra vez Cristo maniatadas sus manos, Cautivo por nuestra salvación, y, casualidad, igualmente vestido con túnica blanca.
    Pero las serranías de la Subbética cambiaban por las llanuras del Valle del Guadalquivir, y la lejanía se transformaba en vecindad pues nos esperaba un Martes Santo muy diferente, un Martes Santo, por primera vez en nuestros 10 años de historia, en casa, tarde de Martes Santo en Palma del Río.
     Martes Santo atípico pero, por desgracia, no en el clima. Empeñada como siempre en hacer aparición en Semana Santa, la lluvia cerca estuvo de aguar la jornada. Las 7 y media era la hora para que los cofrades del Huerto de nuestra localidad se echaran a la calle a repartir oraciones y esperanzas cautivas en las manos de un Cristo que este año abría los brazos para acoger los sones de sus hijos palmeños, de sus "vecinos" franciscanos, de esos a los que desde su capilla en la Parroquia de San Francisco tantas veces habrá escuchado anhelando pasear por Palma portado por sus mujeres.
     Pero a la hora, las nubes y lluvias intermitentes amenazaban: se respiraban nervios, cierto temor aunque siempre rayos de esperanza en un ir y venir de músicos y costaleros, mirando al Cielo como Jesús agonizando en Getsemaní. "Hágase Tu voluntad", pensarían algunos, y Su voluntad se hizo cuando, tras una hora de espera, un cielo más clareado dio paso a la Cruz de Guía. Tras ella el paso de Jesús Orante, primer misterio de la Cofradía, y después Jesús Cautivo, tal y como muchos lo recordábamos en su inmemorial estampa, melena al viento y a paso lento y grave de sus portadoras. Sones palmeños de nuevo después de 11 años en el Martes Santo palmeño, silencio roto al compás de "Los niños hebreos" ante una abarrotada Plaza de San Francisco.
     Continuó el recorrido por las calles de costumbre, rincones cofrades de siempre de nuestra ciudad: calle Portada hacia Plaza de España y de allí por Castillejo hacia la Plaza de la Constitución. Resonando en los muros de esta Plaza los graves de la marcha ¡A la Gloria! en este punto la Hermandad acortaba recorrido para cumplir su horario girando para encarar directamente la Carrera Oficial. Primera vez en 9 años desde 2007, precisamente el primer año que se hizo esta Carrera Oficial, que nuestra banda, la banda de Palma del Río, pasaría con dos cofradías por su Carrera Oficial. Los sones de Aurora de Resurrección y Redención, marchas que, teniendo en cuenta lo normalmente poco receptivo del público palmeño con nosotros, fueron bien recibidas.
    Eran ya pasadas las 11 y ahí se iniciaba la vuelta a casa, un tanto más desangelada de público, si bien con momentos emotivos en la oscuridad de la calle Belén, primero a los sones de A ti, José ante la casa que fuera de a quien está dedicada, para poco después en la esquina con calle San Francisco, ante la casa que él habitó, sonar El Cielo es tuyo en memoria de nuestro compañero Manuel. Con su recuerdo muy presente, ¡A la Gloria! sonó cuando el Señor Cautivo ingresaba en la Plaza corazón de su barrio, nuestro barrio
    Con la madrugada del ya Miércoles Santo, a eso de las 1, Jesús Cautivo hacía su entrada, no sin antes no terminar nuestro Martes Santo con una sorpresa: a petición de capataz y cuadrilla de costaleros del palio de María Santísima de Palma y Esperanza nuestra banda fue solicitada para interpretar las marchas de la última revirá de la Señora del Martes Santo. Sones de, no podía ser de otra forma, el canto Santa María de la Esperanza seguidos de Virgen de la Hiniesta, marcha de grato recuerdo en esta Hermandad pues con sus compases el paso de Jesús Orante salió por primera vez a costaleros, pusieron música a estos anecdóticos pero a la par hermosos instantes, cerrándose de la mejor forma nuestro Martes Santo: con Palma y Esperanza.



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